miércoles, 20 de agosto de 2014

A veces de noche



Un momento de calma. Una silla que cruje en mitad de la noche. El aroma dulce del colacao y mi pelo rojo y limpio. Una canción que te transporte a otro lugar, a otra atmósfera, en otra realidad. El silencio que rodea todo lo que no es esta canción. La quietud, la calma de una voz limpia, sincera. Las 4:44.


No sé cuántos saben ni cuántos conocen qué hace falta. Tampoco sé cuando lo supiste tu. Estoy escribiendo a oscuras con los ojos cerrados. No sé cuando comenzó a haber tan pocas personas y tanta gente, o cuando gente se convirtió en el plural de imbécil. No sé cuándo me iré ni si estarás en alguna parte cuando te eche de menos. Se suponía que esto sería una conversación y aquí estoy, hablando solo.
Pensándote.

Con los ojos hinchados de dormir al revés. Del destiempo que se vive cuando se intenta lo mismo todo el rato sin saber rendirse. O parar. Nunca supe parar. Y si no se para no se descansa. En ocasiones pienso que es al revés, que es el mundo quien se detiene y yo quien sigue en movimiento. Me gusta esa idea. Piénsalo un momento. ¿Qué sucedería si los únicos que permanecemos aquí somos tu y yo y los demás no están? Al fin y al cabo, te tengo a ti.

Hace mucho tiempo que quiero hacer esto, pero este ambiente marciano me lo impide. Ni siquiera de madrugada, cuando no hay nada más que me haga pensar en otra cosa que no seas tu. Tu nariz perfecta. Y tus ojos grandes, "el mayor espectáculo del mundo".

Me gusta escucharte y permanecer inmóvil, con los ojos cerrados y el alma abierta mientras hablas, pero tu silencio no me deja oír tu voz. Y aun así...

Creo que el que cruje soy yo.

Buenas noches, seas quien seas.

sábado, 1 de junio de 2013

Tengo algo que decir


A veces me pregunto alguna cosa. Muchas veces me pregunto muchas cosas. No. Todo el tiempo me pregunto a mi mismo, sobre todo.

A veces no. A veces simplemente me dejo llevar, como los demás. Supongo que es así. Y en otras ocasiones me doy cuenta de que ya no sé donde estoy. Por no hablar de cómo. La mayoría de las cosas son recuerdos. Poco es presente, la verdad.

Por eso quería que supieras esto. Estaba en la cama, solo, pensando solo. Respondiéndome a mi mismo. Dándome la razón. Y no estaba pensando en ti, porque aun no sé quién eres. Solo intentaba cerrar ese pensamiento que me da vueltas últimamente sobre ti. Y este sitio en el que vivo. Todo el mundo tiene la capacidad de decidir por uno mismo, de hacer su propio camino, de guiar sus propios pasos. De escribir su propio destino. O eso nos gustaría creer a todos.

La verdad es que no sé qué estoy diciendo. Supongo que si alguien lee esto puede pensar que no tiene sentido y seguramente esté en lo correcto. Nunca edito lo que escribo, ni lo cambio. Lo escupo y lo envio. Siempre he sido así. Y por algún motivo que aun está por revelarse, esta noche me ha tocado a mi levantarme de la cama y escribir.

Ni siquiera tengo claro de qué quiero hablar. Solo estaba en la cama pensando en lo mal que se quieren las personas que se quieren y en esa sensación de completarse uno cuando finalmente se da cuenta de que esa es la persona. Y que no puede ser. Me ha gustado la sensación interna de calor cuando me he dado cuenta que tenia ganas de escribir. Es algo que hace años que he querido recuperar y que como más adelante entenderás, no es tan sencillo.

Salgo de casa solo. Camino solo. Observo a la gente. Me gusta eso. Cada uno a sus cosas, sin mirar a los demás. Hemos llegado a un punto de egoísmo tan estúpidamente salvaje que la gente solo mira si pasa algo. Vuelvo a casa solo. Duermo solo. Eso ya lo sabes. Decido solo. Y la libertad se multiplica cuando eres un pájaro, no sé si te lo han dicho antes.
Probablemente si, aunque no creo que te hayas dado cuenta aun de lo que realmente significa.


Estoy escuchando esta canción (que probablemente haya sido el catalizador de esta cascada de palabras sin sentido) una y otra vez. Y no entiendo muy bien porqué. Ya te irás dando cuenta de la cantidad de cosas que no entiendo. Una barbaridad.

No estoy dolido ni me pasa nada, solo siento algo de tristeza por los demás. Me gustaría que alguien viera a través de mis ojos lo que se ve a lo lejos, lo que está por venir. Y finalmente lo entendiera. Y tuviese conmigo el enorme detalle de explicármelo. No me gusta dar lecciones de nada, entre otras cosas porque no soy maestro de nada ni de nadie. Ese es uno de los problemas, que todo el mundo cree que esta es la forma de vivir y el resto es utópico y que ya está todo aprendido y todo dicho. Y no es así. Yo sé que no es así. NO ES ASÍ. La vida es algo más que afecto correspondido, cuarenta horas semanales, ensaladas, y blogs de moda y iphones y pijadas que no sirven absolutamente para nada, tuits forzadamente ingeniosos de gente de mentira, cumplir con el banco, tener muchas cosas y garbear con el vecindario. Nadie piensa en que el verdadero valor de dar es no recibir nada a cambio. En ocasiones la mejor recompensa es la que nunca llega.


Yo solo quiero mecerte sobre mis pies y no necesitar nada nunca más.


Buenas noches.